24 de febrero de 2010

CENTINELA

El reflejo de una marquesina sobre la ventanilla del colectivo. Una noche más de nostálgica Buenos Aires. De soledad.
El reflejo se deforma a la par que avanza el tránsito y conforme las ondulaciones del vidrio. El rojo predomina. La sangre. Pasión.
Los tubos encendidos hacen un ruido imperceptible en el barullo de la avenida. Pero es algo así como bzzz…bzzz… ya nadie lo escucha. La gran manta de asfalto no volverá a quedarse muda por mucho tiempo. Quizás hasta alguna vez fue blanca y hoy todo lo cubre el gris. Pero seguro alguna vez fue tierra, lodo, gusanos, vegetación. Justo donde se ha detenido ese ómnibus de dos pisos, hubiera plantado mi naranjo en flor. Como el tango. El que se escucha tanto como las bocinas desafinadas. Como el tango, andar sin pensamiento. Amar, partir.
El rojo predomina, como la sangre que llena de oxígeno al corazón. Y el pensamiento que se ha ido para hacer de mi sueño una canción, se encuentra en el punto infinito de la distancia, con el corazón que grita en medio de tanto cemento, bocinas, aceras ventanas, bzzz…bzzz… y vuelve circular a la punta del obelisco. Centinela de la soledad que gira a su alrededor.

1 comentario:

Floreciente... dijo...

...más blanda que el agua