3 de mayo de 2008

AUTORRETRATO

Despertó de un sueño que había sido presente. Un sueño de ojos abiertos y escalofrío en la piel. Sintió el deseo de no volver a la vigilia, y puso empeño en escuchar las historias por venir.
Conmovida de su hazaña, respiró profundo para sobrevivir. Era hostil el murmullo que la rodeaba: máscaras de cemento con grumos, porciones de acero retorcidas, veneno ciego y mutilado.
Logró que una melodía flote en su interior. No midió cuán lejos tuvo que huir. Sintió que estaba cerca, de todos modos, de lo que la hacía feliz. Hubo una historia en el pasado que la convocó a retroceder hacia ella: plegó los misterios en una mano para aceptar que las huellas no iban a cambiar. Bailó con el viento que supo bailar en otros tiempos, entre otras prendas más antiguas que las de hoy. Agudizó el sentido de lo desconocido y encontró la verdad: el motor del camino estaba pendiente en el ayer.
Pensó en escribir para llenar los ojos con sus emociones. Ojos propios y ajenos. Ojos de los que quieran ver. Pensó en compañía y titubeó de su esencia: presente soledad en cada línea, a dónde irías si te llegara a perder. Consuelo estúpido de alegrías deseadas; técnica torpe, que casi no es tal. Lanzó sobre el blanco el color de la tinta. Escuchó el murmullo del trazo volcado sobre el papel. No pudo contener el placer de estar viva, y desplegó las alas brillantes que un ángel, alguna vez le dijo, se animara a ver.
El vuelo infinito no puede marcharse a otro lugar, que no sea aquel que esta vida decide jugar. El campo minado donde teme caer, es contra el que se atreve cada día un poco más.
Pensó en historias y en la evolución. En cómo sigue mañana, si vendrá de este hoy. En qué ojos mirar para no lastimarse; si en los propios, si en alguno ajeno. Quizás en lo ajeno pero propio a la vez, sería una buena opción.
Trajo de la historia el reflejo de su pasado, y comprendió la lucha por soñar un sueño que vuelva a soñarse toda la vida. Una huida, la soledad. Desencontrarse y volverse a encontrar. Pisar un suelo que debería ser parte de cada despertar. Pero no debe llorar lo no conseguido. Sobre todo cuando sus lágrimas están aceitadas de convicción. Que sea la fuerza por luchar en los sueños la que refresque su rostro, cuando el viento sople a su alrededor.
Que vuelva pronto del lugar al que se ha ido. Aprenderá a seguir parada donde quiera estar. Soy una voz que la encuentra a veces tirada, a veces bailando, ardiendo en sonrisas, y otras veces en lo alto, que ya ni me quiere escuchar.
Los deseos se pierden cuando caen al vacío. Por eso construyo sueños, blancos y holgados como las nubes, para que ella pueda vivir más.

2 comentarios:

Sandra DOvidio dijo...

Hola Vanina, acabo de descubrir tu blog. Me gustó este autoretrato, lo sentí propio de vez en cuando.
Voy a seguir leyéndote, un poquito cada día.
Gracias por los comentarios que me dejaste en mi último texto.
besitos Sandra

Pato dijo...

hola vanina, que bueno conocerte un poco más. me encantó tu fantasía y tu vuelo.
beso
pato